La vida humana como la vida de un árbol, va desplegando sus ramas en función del aprovechamiento de las mejores condiciones y oportunidades que le ofrece el medio natural. Y si somos lo suficientemente atentos, nos podemos dar cuenta que algo que empieza en un espacio pequeño, intimo en el vientre de la madre, termina siendo una realidad compleja. Y en este sentido, es que se puede decir que la vida humana es una aventura.
Y si en el árbol surgen diversas ramas en procura de aprovechar la distribución de la energÃa que capta del medio, los seres humanos nos nutrimos de esa compleja red de relaciones que va desde la familia, los amigos, los vecinos, los compañeros del trabajo, la comunidad inmediata de sentido. Esas son las ramas, son la fuente de energÃa externa. Son las ramas del árbol de nuestra propia existencia. Y son estas las ramas o las rutas de la vida que, en apariencia desconectadas entre sÃ, no deben permitirnos perder un eje central unificador, el ser, el tronco del árbol, su centro.
Y la vida, no es nada más que eso, un viaje de regreso al centro, a lo que somos, a nuestra esencia que se funde con la vida como un todo. ¿Conoces tu centro? ¿Te has esforzado por conocerlo, cuidarlo, amarlo y estar abierto a su presencia?
Pereira, Colombia, 11 de julio de 2025.
