A veces, puedo despertar con la idea de que nada de lo que uno haga, por uno mismo o por los demás o por tratar de aportar algo al mundo en el que nos ha correspondido vivir es digno de consideraciĂłn. Y entonces, se puede sentir con claridad que todos nuestros esfuerzos resultan vanos, inĂştiles y que lo Ăşnico válido y legĂtimo que queda por hacer, si es que hay algo por hacer, es vivir con la idea que, sino podemos hacer algo por nosotros mismos, por los otros o el mundo, procurar al menos no hacer daño a la misma vida.
Y asĂ han sido mis Ăşltimos dĂas. Y por más que me he esforzado por mantener la atenciĂłn en esa tenue luz que me guĂa en el camino en medio de las nubes densas que nos rodean y que por momentos se cierran a nuestro alrededor como fuertes murallas, todo parece un vano esfuerzo. La sensaciĂłn de parálisis puede ser abrumadora. Y a veces me siento perdido, inseguro del camino, incapaz de confiar en mis propias fuerzas.
Y en medio de todos esos ruidos ensordecedores que mantienen nuestra conciencia obnubilada e incapaz de responder, se termina por cuestionar uno mismo todas las propias estructuras de creencias y todo ese andamiaje de espiritualidad tan hostigante en el que parece haber caĂdo todo este asunto perdiendo por tanto la conciencia de la ilusiĂłn de todo eso que muchos tratamos de poner en práctica.
Y entonces se hace necesario optar cada tanto por una desintoxicación, por volver a uno mismo, al silencio, al acto más simple, respirar. Volver a todo aquello que nos puede ayudar a que esa tenue luz pueda brillar nuevamente con más intensidad o al menos evitar que se apague. Y esa luz, no es una luz solamente para uno. Todos nuestros logros o fracasos afectan nuestro entorno. Estamos integrados mucho más de lo que creemos o tenemos una mediana certeza.
Y a veces, se tiene también la sensación que el silencio es lo que menos conviene y que optar por este es dejar de asumir un papel en la vida, bien sea asignado por los dioses o como resultado de las experiencias mismas de la vida. Si. Estamos en el mundo, pero no estamos de la misma forma como están las plantas y demás seres. Estamos abocados a una presencia más activa. Y a veces, la incapacidad de actuar es la pauta.
Pereira, Colombia, 19 de septiembre de 2025


Dieguito. Y si el silencio nos permite conectar con el todo, recargarnos y continuar en este plano. CĂłmo dosificar el silencio es mi pregunta?
Cada quien debe ser capaz de determinar cuanto silencio necesita. Pero sin duda, en las circunstancias actuales, necesitamos mucho silencio.
El silencio no es dosificable. El silencio no es medible, es inconmensurable. Es un salto.