A propósito de las elecciones: ¿vida o muerte?

Es cada vez más difícil para el común de las personas, tener claro el impacto de las decisiones políticas que se toman dentro de las mismas sociedades a las que se pertenece, bien sea a nivel colectivo o individual, y más dentro de las llamadas democracias liberales.  Muchas personas señalan que, independientemente del tipo de gobierno que tengamos, el día de mañana tendremos que madrugar a trabajar.  Pero lo cierto es que, si bien hay que volver a trabajar al día siguiente, en el mediano y largo plazo si hay decisiones que van a transformar la manera como nos entendemos como sociedad y las consecuencias sobre el tipo de trabajo y vida cotidiana, sobre las cosas que se consideran importantes y, sobre todo, los valores y principios que han de orientar la vida ciudadana, la posibilidad de Vivir Juntos.

            Así pues, hay cuestiones fundamentales en juego en la manera como creamos un modelo de convivencia y ordenamos la vida cotidiana.  Lo cierto es que las élites se han encargado de generar un proceso de despolitización donde el individualismo se ha fortalecido.  Mientras yo no tenga problemas o soluciones de una manera u otra mis necesidades, lo que pase con el otro, con quien comparto una identidad y una cultura en común termina por importarnos poco o nada. ¿Cuál es el mejor modelo de sociedad? ¿Cuáles deben ser nuestras prioridades como sociedad nacional? Y dentro de este contexto, ¿Cómo vivir juntos? ¿Qué significa en tiempos actuales vivir juntos? ¿De qué manera podemos preservar los principios y acuerdos que necesitamos para vivir en sociedad?

            Diría que esas son las cuestiones que son fundamentales pero que lamentablemente no se abordan al discutir las opciones al momento de elegir. Hoy eso de escoger entre las opciones de derecha o izquierda, que ni sabemos bien que son por falta del conocimiento de la historia moderna, se ha vuelto una cuestión mal fundamentada. Frente a esto no podemos olvidar que el hombre mientras este en sociedad es un sujeto político, por acción o por omisión. De ahí que, si participamos o no, aunque es una decisión personal, tiene sus consecuencias sociales.  Si no participamos en las cosas que tienen que ver con nuestro presente y perspectiva de futuro, otros van a tomar esas decisiones.

            Como sociedad nos alimentamos de ideas, creencias y percepciones acerca de lo que es fundamental para vivir en sociedad. La democracia clásica surge en este contexto y la democracia liberal de la cual somos sus hijos reitera está perspectiva al tiempo que buscaba legitimar un nuevo modelo de sociedad donde la iniciativa individual era la preponderante y se necesitaba crear consensos que legitimaran esa visión del mundo. Es así como durante más de doscientos años, hemos considerado la democracia como la mejor manera de organizarnos como sociedad, de la posibilidad de negociar esas individualidades. Y de ese inicio de la modernidad también viene la concepción de un poder público desconcentrado y dividido en unos límites claros, el ejecutivo, el legislativo y el judicial. Con el tiempo, las sociedades, especialmente en occidente, han apostado a tal modelo de gobierno avanzado desde la democracia representativa, a la participativa y finalmente a la deliberativa o democracia directa.

            Ahora bien, a todas cuentas, ¿Qué nos jugamos en la elección de presidente el próximo 21 de junio para Colombia? La política constituye en su esencia la capacidad de las comunidades humanas de organizar la vida en el presente. Determinar qué prioridades vamos a tener como sociedad y como individuos dentro de esa intricada red de relaciones no es un asunto de poca monta, de ahí la necesidad de un voto informado y consciente, que no rompa los consensos mínimos que hemos logrado consolidar y nos han permitido ser una sociedad legitima frente a nosotros mismos y ante el mundo. Optar por una sociedad que propenda por la justicia social no como un discurso, sino como una praxis es la opción o alternativa que considero no podemos soslayar al momento de considerar nuestro voto.

Pereira, Colombia, 15 de junio de 2026.

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