Cinco verdades espirituales que deberías tener presente.

La espiritualidad es ante todo una experiencia, una manera de vivir y de entendernos con la vida que se despliega ante nosotros. Es por esto que es necesario aprender ciertas perspectivas que nos permitirán vivir a plenitud en el presente.

  1. Todo es un juego. La vida, con todos sus momentos de alegrías y tristezas es un juego, un juego que es imposible eludir. Si, un juego y si tenemos clara está perspectiva, sin duda nos daríamos cuenta que muchas de las cosas que vivimos y que por momentos se nos hacen difíciles de asumir, desde esta perspectiva, adquieren una nueva mirada. Llegamos a la vida dentro de un conjunto de circunstancias que le son propias y que, si supiéramos aprovecharlas, no tanto a nuestro favor, sino en hacer lo adecuado a nuestro desarrollo integral, nos daríamos cuenta que tenemos roles que vamos asumiendo en cada momento y en cada circunstancia. Y vivir entonces, consisten en saber asumir esos roles que nos han correspondido en su momento. Y, sobre todo, como todo juego, disfrutarlo.
  • Todo empieza en el cuerpo, pero trasciende al cuerpo. Uno de los grandes problemas que se enfrentan en el camino espiritual es ¿Qué hacemos con el cuerpo? La gran mayoría de espiritualidades desprecian de una u otra manera el cuerpo y hacen énfasis en las problemáticas referentes a lo interior. No obstante, si algo he ido comprendiendo, en especial desde una espiritualidad cristiana más profunda y desde una mirada como la que nos ofrece el Vedanta, es que el cuerpo no es un agregado, sino que es parte integral de lo que somos, cuerpos espiritualizados que se expresan en este plano de la existencia.
  • Las palabras señalan algo, pero no son ese algo. Y la idea ya la había escuchado en Ram Dass, un destacado buscador espiritual estadounidense. Y cuando podemos comprender esto, nos daremos cuenta que nos nombres, las formas que les damos a esa realidad que es trascendente es lo de menos. Dios, la vida, el Tao, Isvará, son palabras que hemos de trascender para vivir en el espíritu, en el mar de la conciencia. Y ese ha de ser el propósito de nuestras búsquedas.
  • El silencio, el verdadero silencio, es la mayor adoración al padre. Sentarse, en un espacio silencioso, calmado, alejado de todas las distorsiones que la mente enfrenta en el día a día. Un ejercicio que nos demanda volver a lo esencial. Y entonces es cuando en el silencio, si somos capaces de habitarlo, Dios, el Absoluto, nos hablará y entonces podremos comprender.
  • El viaje espiritual es un viaje de aprender a vivir en consciencia. No obstante, es un camino que avanza en espiral en el que las cosas parecen volver una y otra vez, pero con una nueva perspectiva y entonces como dice Lao – Tzu, “mientras más avanzas, menos sabes” si lo hacemos desde una perspectiva exclusivamente racionalista. Tal vez las cosas consisten en sólo saberlas vivir y reconocer nuestra propia ignorancia para abrirnos a lo profundo, a lo interior donde todo adquiere su lugar.

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