El centro

Un aspecto de la vida, más allá de las formas y las ideas que tengamos de ella, radica en encontrar un centro. El centro es el eje, el soporte, el principio, el sustento de todo. Lo demás puede variar o fluctuar alrededor, como todo en la vida que es ante todo movimiento incesante, un cambio. A veces se nos va la vida y nunca encontramos el centro puesto que nos hemos acostumbrado a vivir en la periferia devorando momentos de manera inconsciente mientras el centro se diluye ante nuestra ceguera.  Y entonces, ¿Qué es lo que nos debería impulsar, lo que nos debería mover para encontrar ese centro? Considero que si sabemos vivir en consciencia nos daremos cuenta del centro y entonces sabremos que no todo lo que hay en la periferia es para nosotros.

Y en esas se nos va gran parte del viaje. En otros momentos, por el contrario, parecería que la misma vida juega con nuestras intensiones.  De ahí que saber dirigir nuestra intensión a la búsqueda y consolidación de ese centro es el objetivo o propósito del camino espiritual porque allí encontraremos lo que es fundamental. Y está es la manera de evitar ser arrastrados por las circunstancias. Así pues, descubrirlo o hacerse consciente de este centro es la tarea a la cual hemos de comprometernos para dar sentido a la vida. En el centro se encuentra la expresión de un orden que no necesariamente responde a nuestros intereses por lo general egoístas. Es por esto que, en el centro, todo adquiere sentido.  Percibirlo, reconocerlo y aceptarlo es la manera de entendernos en el fluir de la vida que tenemos ante sí.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *