Tener claridad acerca de dónde y de qué manera nuestras acciones podrían tener un mayor impacto es el verdadero reto de cada día, sobre todo en una época en la cual todo parece evaporarse para ser desplazado por nuevas condiciones igual de efímeras, asistimos. Y aquí radica la dificultad de reconocer lo que podemos cambiar y donde podemos ejercer ese pequeño fragmento de libertad que poseemos. Pero para saber cómo y de qué manera cambiar lo que podemos cambiar se hace necesario tener capacidad de pensamiento crítico. Cuando esto es claro, la capacidad de acción al desplegarse tendrá mejores resultados porque nuestra energía no se dispersa y los propósitos que nos orientan son evidentes.
El presente texto pretende terminar las ideas planteadas en un artículo anterior en el que hice énfasis en la serenidad para vivir y que estaba inspirada en aquella oración referenciada desde diversas perspectivas filosóficas, así como algunas variantes espirituales: «Señor, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar las cosas que puedo, y sabiduría para reconocer la diferencia» Así pues, el tema que nos ocupa tiene que ver ahora con el valor y la sabiduría para vivir en el mundo. El valor nos coloca en el escenario de la acción comprometida, de la voluntad que nos debe mover a la vida y a hacer de espacio que tenemos, donde de verdad podemos ser libres, nuestro propio cielo en tierra. Y la segunda, la sabiduría, nos invita al reconocimiento de lo que somos, a la conciencia de que tenemos límites y que no lo podemos todo.
Ahondemos un poco en este asunto. Lo primero es que debemos comprender el contexto que nos rodea. Alguna vez recordaba una entrevista de Quino, el creador de Mafalda, en la cual refería la importancia de conocer la realidad que nos rodea y las circunstancias que allí actúan para saber dónde poner de cierta manera las bombas. Y esto es así porque no lo podemos todo. De ahí que sea importante y necesario poder reconocer hasta donde podemos influir o impactar en el mundo y esto es posible desde la conciencia de nuestras capacidades.
Desde nuestro nacimiento, empezamos a reconocernos como seres limitados, dependientes, aunque con todo anhelamos lo eterno, creemos que podemos cambiar el mundo. Y en esa relación con los otros podemos reconocer nuestras propias capacidades las cuales vamos desplegando, así como un conjunto de principios, valores y acciones que se consideran deseables dentro de un marco social e histórico determinado. De la misma manera, van emergiendo en nosotros tendencias que nos limitan e impiden que aprendamos a vivir en relación con los otros, la vida como un todo y nosotros mismos.
El valor está vinculado de manera directa con la vida y nuestras capacidades de acción dentro del margen que tenemos. Es por esto que fortalecer aquellas cosas que nos hacen mejores, no solamente en un contexto social, sino de acuerdo al conocimiento que vamos logrando de nosotros mismos es esencial. El valor entonces es algo que apreciamos y es por esto que el primer valor que hemos de desarrollar para cambiar lo que podemos tiene que ver con el valor de la vida. De ahí que el valor para vivir es el inicio del conocimiento de lo que queremos del mundo. Y es dentro de este ámbito, el valor para cambiar lo que podemos que somos libres.
De otra parte, el tercer elemento que va implícito en la oración que motiva estas palabras es la sabiduría para reconocer la diferencia. Dice Chantal Maillard en La compasión difícil (2019) que, “sabio es aquel que sabe contemplar lo que somos más allá de las diferencias”. Y la sabiduría se adquiere cuando hay un profundo conocimiento acerca de quiénes somos, nuestro lugar en el mundo, tan grande o pequeño según nuestro saber, pero sobre todo el sabio reconoce la integralidad de las cosas y los seres, la integralidad del conocimiento y puede intuir con gran acierto, las tendencias que mueven la realidad y el hacer en el mundo. Y esa es la sabiduría, la que nos permite saber vivir en el mundo y responder a las demandas que este nos genera.
Pereira, Colombia, 6 de Julio de 2026.
