Recuerdo que hace unos años, Colombia despertó con una curiosa noticia. La propuesta de la migración afgana a Colombia. Y esta cuestión hace parte de un debate que cada tanto resurge en el paÃs, la migración de extranjeros a Colombia. El asunto se aborda cuando se quiere poner sobre la mesa, la necesidad de crear una sociedad más abierta al mundo. Las experiencias más cercanas que tenemos es la de los venezolanos y más atrás a lo largo de la primera parte del siglo XX, de habitantes del medio oriente, LÃbano e incluso Siria especialmente a las costas o en las islas de San Andrés y Providencia. De ahà que la propuesta que un grupo significativo de afganos que el paÃs recibirÃa como parte de un acuerdo con la propuesta de Estados Unidos pronto despertó su propio debate.
Y aunque del tema no se volvió a hablar, más allá de la intención polÃtica del gobierno de turno en favorecer tal cosa para congraciarse con el poder imperial, hay cosas que bien valen la pena pensarlas a fin de no favorecer una xenofobÃa infundada que ha ido creciendo a lo largo y ancho del paÃs y que culturalmente no hemos aprendido a manejar. Considero que, independientemente que aquellos que lleguen, tengan o no mucha formación, que tengan o no muchos recursos, lo que hay que aprender a mirar es su humanidad. Y si se hace desde esa perspectiva, no sólo aprenderÃamos a estar abiertos a lo extranjero de una buena manera, sino también a reconocernos como una nación multiétnica y pluricultural tal y como lo plantea la constitución nacional de 1991.
Y aprender a vernos de esa manera sigue siendo una tarea pendiente. El indÃgena, sigue siendo un desconocido para muchos. El negro o el afro, depende el enfoque que quiera asumir, sigue luchando por su inclusión e integración a la sociedad colombiana. Y es que en el fondo seguimos siendo una sociedad que discrimina y de cierta manera es racista. El primero no es migrante, como en el caso de los afganos, es desplazado de su tierra ancestral. Y el segundo, no es migrante, vivió una diáspora como resultado de la trata de esclavos a través del océano atlántico hacÃa diversos lugares de América, dentro de ellos Colombia.
Volviendo al asunto de las migraciones, quienes han sido obligados de salir de Colombia por la violencia en los años 80s y 90s, entenderán lo que significa llegar a un paÃs nuevo, donde no se conoce a nadie y verse obligado a empezar de cero. Y referirán que hubieran deseado tener una mano que los apoyará y pienso que eso es lo que todos quisiéramos si estuviéramos en esas condiciones. Y aquà es donde emerge el principio de solidaridad, no como el tÃpico discurso de una clase de ética o para la clase de constitución, sino que ha de ser una praxis cotidiana con los colombianos o no colombianos, migrantes y cualquier etiqueta que se le coloque demás, que al final de cuentas es solo eso, una etiqueta que enmascara lo más importante, la humanidad latente en todos.
Pereira, 30 de mayo de 2025

