Un día más. Poco a poco vamos acumulando días en el calendario. Tiempo efímero que no regresa. Hoy es el ocaso de un día que ha llegado junto al cansancio y en el cual la vida que apenas se sostiene. A veces me pregunto si todo este esfuerzo de hacer algo, de proponer, de agregar valor a algo que no sabemos que es y que resulta cuestionable vale la pena. Y me pregunto. ¿Y es que hay que hacer siempre algo?
La modorra de la tarde avanza y se hace más profunda después de una mañana activa. El cuerpo exige atención. La mente revolotea. Siento la respiración y el vano intento de dormir. De pronto, con una extraña sensación de culpa, pienso en las tareas aplazadas. Una, dos, tres. No alcanzaré a realizar todo esto, pienso. Un café y un nuevo intento, está vez, de concentrarme en la primera de la lista. Pero ya es tarde, me digo a mí mismo.
Leo por un momento mis pensamientos que discurren a lo largo de los días. Por momentos no me dicen nada, por momentos se me hacen novedosas, originales. Así son las palabras. Y observo en la distancia mi incapacidad de meterme hoy en el juego de tejer las palabras. Escribir. Me digo a mi mismo hoy no será posible. Si mucho intuí el juego. De pronto, el deseo, la necesidad de explorar nuevas dimensiones de la vida que no deja de fluir en sus múltiples formas ante mis propios ojos y soy incapaz de llevarlas a las palabras: Son mis propias incapacidades.
Abro el libro que tengo entre manos. La Bhagavad Gita. Su lectura y estudio. ¿Un reflejo de mi propia vida? ¿Cómo contarla? Miro la hora. La tarde se va extinguiendo. Ya no veo. Las líneas bailan ante los ojos. Mañana será otro día. Cierro todo, apago el celular y procuro descansar, luego de mi rutina de la noche, música suave, luego anclarme en el silencio, la meditación o la oración. Y no espero nada siendo todo. Eso lo sé.
Mañana será otro día. Una frase que siempre he conectado con el título del libro de María Cecilia Betancourth que lleva ese mismo nombre. Creo que no sólo me quedo el título, sino también muchas de esas ideas que hoy podrían catalogarse como un manual de autoayuda, pero en el fondo, su mensaje, aunque es tan claro, lo olvidamos. Hay que hacer todo lo que podamos en este día, pero si no alcanzamos, mañana será otro día. Otra oportunidad, otro momento de esforzarnos por Ser.
Y concluyo. Es dado de humanos querer agotar en un día toda la vida, cuando siempre queda la expectativa de un mañana que construimos desde nuestro presente. Y con todo, a pesar del cansancio, del deseo de nada, he de recordar, que es necesario avanzar un poco, sin angustias innecesarias. Descansar cuando sea necesario y vivir en el presente.
Pereira, Colombia, 25 de julio de 2025

