Piensa y Agradece.

Dentro de las cosas que he logrado comprender del hecho de vivir es que la vida es un viaje. Y hay una diferencia entre recorrer el camino y viajar. Dice la canción: “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”. Y si, el camino se hace a medida que se vive, pero en este caso me refiero es a la actitud propia con la cual se recorra el camino. El camino es una construcción más material, en cambio el viaje es en esencia una actitud propia, una manera de ver, de comprender el recorrido.

Y ese viaje, en este caso el que se refiere a la totalidad de la existencia, se desarrolla desde la perspectiva, bien de estar en relación como algo irremediable, una pesada cadena, o como si atravesáramos “un valle de lágrimas”, o, por el contrario, podemos viajar desde la mirada de quien se reconoce en quienes les rodean y en el mundo de las cosas, comprendiendo que hay un conjunto de vínculos primarios inseparables e ineludibles.

Desde la segunda perspectiva de un viaje en relación con todas las cosas y los seres, el amor como planteamiento se vuelve una experiencia real y deja de ser algo etéreo.  Aprendemos, si es que queremos vivir de la mejor manera, que somos seres de relación y esas relaciones se tejen de amor. Y cada situación que vivimos, en lo bueno y en lo menos bueno con quienes nos rodean, es una relación de amor.

Y esas relaciones, esos vínculos que creamos, no artificialmente, sino que emergen en profundidad, pero de los cuales pocas veces nos hacemos conscientes, son como el hilo de la telaraña que unen las cosas de manera sutil y flexible. Entonces, en cada cosa, en cada acto, en cada gesto los hilos permiten ese fluir de la experiencia del amor.

Las madres son quienes pueden reconocer la interconexión intima de las cosas cuando han ejercido su papel con amor. Y así como vivimos dentro de esa telaraña de relaciones, al final de la vida, quienes ya han partido dejan en nuestro ser hilos de esa telaraña que nos conectaban y entonces es como a través de estos nos conectamos con su recuerdo. Por eso es que morimos en relación con otros. 

En consecuencia, la mejor actitud que hemos de tener frente a la vida y las circunstancias que vivimos es una actitud de agradecimiento. Piensa y agradece. Se piensa cuando nos reconocemos en lo que somos y que el lugar en que nos encontramos no es el resultado de mi propia iniciativa, sino que hay un trabajo de otros que han permitido que las cosas sean lo que son. Así mismo, ese pensar y agradecer, implica reconocer el amor que otros, a través de su apoyo y compañía, nos han dado así a veces perdamos la perspectiva.

Es por esto que, si somos capaces de ver esto, viviremos en una actitud de agradecimiento mutuo y permanente. Y entonces sabremos de la importancia de cuidar ese tejido de relaciones que siempre se tensará en algunos momentos, pero volverá a ser lo que es, una relación de amor.

Pereira, Colombia, 21 de febrero de 2025

4 comentarios en “Piensa y Agradece.”

  1. Este texto reflexiona sobre la vida como un viaje donde la actitud con la que transitamos es crucial. A diferencia del camino, que es algo material, el viaje es una manera de ver el mundo y nuestras relaciones. Destaca que el amor es el hilo que conecta nuestras interacciones y que debemos vivir con gratitud, reconociendo que somos parte de una red de vínculos. Al final, el agradecimiento mutuo fortalece esas relaciones, haciéndonos conscientes del amor que nos rodea y el legado que otros nos dejan.

  2. Este texto reflexiona sobre la vida como un viaje donde la actitud con la que transitamos es crucial. A diferencia del camino, que es algo material, el viaje es una manera de ver el mundo y nuestras relaciones. Destaca que el amor es el hilo que conecta nuestras interacciones y que debemos vivir con gratitud, reconociendo que somos parte de una red de vínculos. Al final, el agradecimiento mutuo fortalece esas relaciones, haciéndonos conscientes del amor que nos rodea y el legado que otros nos dejan.

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