Hace unos días, cuando me enfrenté a una situación en la cual de manera irremediable tenía claras las consecuencias poco positivas de tal hecho, recordé la frase o el dicho, dentro de tantos otros, que expresaba un compañero con los que he trabajado en la profesión de la docencia durante más de veinticinco años. Quizás la frase tiene otras variables entre las que podría señalar la que le atribuyen falsamente a Einstein “locura es hacer lo mismo una y otra vez y esperar resultados diferentes”. O el otro que refiere “cada quien da de lo que tiene”. Y aquí quizás podríamos tener más claro de que estamos hablando.
En la vida cotidiana muchas veces nos vemos abocados a situaciones que bien sabemos que no van a terminar bien o de la mejor manera, así quisiéramos que no fuera así. Desde comprar un producto de entrada sabemos que no tiene una buena calidad, bien sea por su precio o por las condiciones en que se vende; o porque creemos que insistiendo en lo que hacemos, caso del proceso educativo, terminaremos con éxito la tarea alcanzando logros destacables. O desde otra perspectiva, la positiva, si hacemos lo que debemos hacer y lo hacemos con cariño y amor, irremediablemente las cosas van a salir bien. Pero acá, estoy es abordando aquello que se dice que siempre hay que prepararse para lo peor.
Lo cierto es que, en la vida, es importante tener conciencia frente a esas situaciones en las que tomamos decisiones pensando en que algo diferente se logrará cuando bien conocemos las limitaciones que tenemos. Hay condiciones sociales, culturales, económicas y políticas que de entrada establecen unos límites a nuestras posibilidades de que podamos hacer las cosas de manera diferente. Es por esto necesario aprender a jugar con esas variables con la conciencia que hacemos solo lo mejor que podamos.
Es ahí cuando podemos darnos cuenta que los cambios culturales que en muchos casos anhelamos, tardan en gestarse y mucho más en implementarse y sobre todo en llegar a un punto en el cual ese cambio sea irreversible. En la vida cotidiana no podemos negar la tendencia de muchas personas a preservar lo seguro. Incluso en nuestra propia vida bien sabemos que después de un tiempo nuestro propio pensamiento opta por lo conocido, por lo seguro, así los resultados sepamos que no son los mejores. De ahí que sí, si gordo lo compro manteca tiene que darle, tanto para lo más acertado, como para lo menos acertado. La vida se mide en elecciones y hemos de aprender a vivir con las consecuencias que se derivan de estas. En la vida debemos tener claro lo que queremos para saber hacía donde debemos avanzar.
Pereira, Colombia 21 de marzo de 2025
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