He tenido la oportunidad de leer el libro La Amistad de Simone Weil, donde se recogen fragmentos relativos a la amistad que la autora escribió en sus
Cuadernos , así como algunos ensayos, o textos breves del libro A la Espera de Dios
Y el libro nos brinda la oportunidad de tener un acercamiento más puntual a tales asuntos. Cuento con la suerte de tener la versión de los Cuadernos un texto al que vuelvo cada tanto buscando reforzar ciertas ideas propias o encontrar otras perspectivas a las de ella que, sin duda, siguen teniendo vigencia.
Y en la prosa de Weil, he podido intuir la voz de una mujer poderosa, inquieta, inteligente, comprometida con su tiempo, pero, sobre todo, la voz de una mujer a través de la cual se reflejaba una apertura a lo divino y trascendente. Es por esto que quien quiere comprender el mundo en el cual habitamos, estamos en el deber de volver a ella una y otra vez. Y la vigencia de su voz es posible contrastarla en momentos como los que vivimos.
En el texto referido, La amistad, se encuentra una frase en el prólogo que quizás es la que mejor refleja sus ideas y con la cual me identifico plenamente: “Los pensamientos de Weil son como relámpagos en medio de la oscuridad”. Sus palabras, sus pensamientos quedan chispeando en la mente. Y quizás, otra de las cosas que he encontrado en la escritura de esta mujer, es la brevedad y la fuerza que transmite en cada frase.
Llegue a Weil en mis búsquedas espirituales, en un tiempo en el cual sentía la necesidad de comprender la vida que se me hacía cada vez más compleja, errática y difícil. Anhelaba encontrar lo humano, lo que es latente como posibilidad en cada uno para poder comprender quien soy. Y dentro de las cosas que ocupan el centro de su pensamiento está el tema de la amistad y el amor. Su imagen, humilde, pero al mismo tiempo poderosa, permite vislumbrar sus angustias, sus temores, su anhelo de Dios, así como su temor a una vida que no le alcance para llegar a la meta. Y creo que, en mi caso personal, tal vez la vida no me alcance para llegar a la meta, aunque al menos creo que la tengo clara. Así pues, nos une a través del tiempo el mismo temor, llegar al límite de la existencia y darse cuenta que no se ha vivido.
“La amistad es el milagro en el que un ser humano acepta mirar con distancia y sin acercamiento alguno al ser que le es necesario como alimento”, dice la autora. Y tal idea adquiere gran profundidad y nos cuestiona, sobre todo por la facilidad con que hoy en día esas distancias se rompen y se malogran en las amistades. Nos hemos vuelto incapaces de cultivar la amistad y el amor. Y pronto caemos en el intento vano, en la tentación de poseer, usar y desecharlas en cuanto no cumplan con nuestras expectativas. Al contrario, la amistad demanda un reconocimiento de la necesidad y la distancia entre los seres que se integran en el proceso de hacerse Uno con la existencia.
Pereira, 23 de septiembre de 2023.