Una vida, tres palabras.

Hace unos días tuve la oportunidad de escuchar una conferencia de Pablo D’Ors “Hacia una Espiritualidad de la Síntesis”. En ella se proponía iniciar por un ejercicio de sintetizar tu vida personal en tres palabras y nos daba su ejemplo al tiempo que nos dejaba la tarea. Aquí comparto el resultado del ejercicio y del mismo modo te invito a que lo hagas. Encontré en tal ejercicio una manera de tomar consciencia en mi propia existencia. Créeme que resulta bastante enriquecedor en muchos aspectos.

Ver.

La visión es uno de los órganos de los sentidos que recogen información del entorno y que por lo general destaca por encima de los otros.  Ver ha sido una necesidad para mí, pero no ver cualquier cosa, ver la verdad, ver lo que se esconde, ver lo que hay más allá del mundo de las formas. Y con el tiempo, y bastante paciencia he ido aprendiendo a ver de una manera diferente, quizás es cierto que uno empieza a ver con el ojo espiritual. Y aquello que no comprendíamos, que se nos hacía oscuro y extraño adquiere una característica clara y evidente.  Se ve en profundidad.

Y aunque la visión ha sido algo que ha venido generándome problemas desde joven, toda mi existencia ha sido eso, un esfuerzo por ver la verdad y porque no lo divino. Es algo que algunos lo catalogan como una gracia. Otros por el contrario llaman la atención al respecto porque es algo que puede distorsionar la búsqueda interior haciendo que nos entretengamos con las imágenes y a veces las palabras que creemos escuchar. Es por eso que veo los tiempos y las sombras. Veo el fluir de los días, del tiempo. Veo mi vida y un anhelo sincero que está sea significativa.

Comprender.

Durante mucho tiempo hice el esfuerzo de entender aquello que veía desde la perspectiva que ofrece el pensamiento racional. Recuerdo que en la universidad no lograba encajar porque pretendía un conocimiento universal del mundo más allá del marco que esta me podía ofrecer. En aquel tiempo un profesor me dijo que al menos yo y él lo que íbamos a hacer era abrir una oficina que nos permitiera dar cuenta de lo divino y lo humano. Tal vez reconocía, o podía ver en mi algo que yo mismo no me hacía consciente en aquel momento, una capacidad y un anhelo de ver más allá del fondo de las cosas. Encontrar un sentido profundo de todo. Y esa es al menos como la he ido entendiendo lo que es comprender. Comprenderme a mí mismo, a quienes me rodean y a las relaciones que tejemos con la vida.

Viaje

La tercera palabra es el viaje. Y viajar es ir más allá del simple hecho de recorrer un camino.  He pretendido que ese recorrido adquiera un sentido que me permita acercarme a esa dimensión inabarcable de lo absoluto. Y veo que el viaje de la vida, de mi propia vida, no deja de ser una búsqueda, un viaje con un destino, dejar de ser, disolverse y entregar todo aquello que he podido ser. Y ha sido un viaje en el que poco a poco, a veces con resistencia he ido soltando cosas que consideraba que hacían parte de lo que soy, de mi esencia. Mis recorridos por las montañas y tantos lugares de mi país han sido eso, un esfuerzo de llegar a un destino donde todo deja de ser apariencia y queda en lo esencial. Y mi escritura, en general, ha pretendido mostrar que el mundo lo construimos en gran medida en medio de las circunstancias a las cuales nos hemos visto abocados, pero al final todo se disuelve.

¿Cuáles serían tus tres palabras?

Pereira, Colombia, 7 de marzo de 2025

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2 comentarios en “Una vida, tres palabras.”

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