Instantes impresionistas

Al amanecer en Pereira, Colombia, hay un momento entre las cinco y veinte o cinco y treinta, quizás un poco más y desde que haya ciertas condiciones meteorológicas que lo permitan, en el que se genera un destello de luz en el cielo hacía el oriente de la ciudad, hacía las montañas, que es imposible de atrapar antes que desaparezca. En los días de temporada seca, cuando las lluvias merman, se puede ver al amanecer desde el Volcán Nevado del Ruíz, El cumanday al nororiente y siguiendo todo el perfil de las montañas hasta los límites con el departamento del Quindío. El amanecer es frio, pero la intensidad de la luz solar sobre las montañas permite intuir lo que será un día caluroso, mientras algunas nubes perezosas vagabundean antes de ser arrastradas por el viento.

En ese momento el cielo adquiere un tono particular. Parece como si un pintor diera unos cuantos brochazos sobre un lienzo invitando a la vida y dejando una estela de colores entre naranjas, rosados y azules que se entrecruzan y permiten que cada cosa, adquiera su propia luz. Desde las montañas, el cielo, las nubes, los reflejos del sol en las montañas. En ese instante, una belleza extraña y particular obnubila los sentidos antes que el día se convierta en día. Luego, esa luz se disuelve. Esta percepción la he llegado a tener a veces cuando en el proceso de prepararme para el nuevo día, abro la cortina del ventanal del pequeño patio del apartamento que da al oriente. La fuerza de esta imagen es tal que solamente puedo contemplarla extasiado. No obstante, cuando tomo conciencia de esta y se me ocurre tomar una foto, el escenario ya ha cambiado. Diría que es un esbozo mágico, un chispazo. Es un instante de luz. Es un brillo que uno quisiera retener, pero la intensidad del día pronto descuella, alumbra y enceguece.

Entonces comprendo que el amarillo, el rosado, el rojo y los azules son colores que siempre he relacionado con la vitalidad, con los recuerdos de momentos felices cuando he podido sentir que hay existencia y que la vida con todas sus dificultades y avatares es bella. No obstante, al tratar de atrapar ese instante y hacerlo un recuerdo que atesore en las noches, la escena se vuelve algo burdo e incluso grosero. Y entonces pienso que la belleza de la vida radica precisamente en eso, aprender a saborear todos los momentos desde que los sepamos mirar. Ahí es cuando uno comprende lo que significa el eterno presente. Luego, al terminar el día, en medio de atardeceres asombrosos que he llegado a vislumbrar en la ciudad, un eco de aquel momento del amanecer se hace presente, pero es un momento que tiene sus propias características y es diferente. Es otro instante impresionista.

Pereira, Colombia, 6 de marzo de 2025.

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4 comentarios en “Instantes impresionistas”

  1. Javier Velasquez

    En realidad lo que más extraño de Pereira es asomarme a la ventana y ver la montaña. Cada vez que la miro veo un escenario diferente.

  2. Eliane Ciccotti

    Me encantaron esos Instantes Impresionistas tanto por la belleza mágica con que describes esos momentos únicos de los amaneceres de Pereira, el Cumanday, el departamento del Quindío como momentos únicos de la belleza de un presente sino también porque el volcán Nevado del Ruiz me hizo recordar a Nevado, el perro mucuchie del Libertador Simón Bolívar que llegó a convertirse en su más fiel amigo y que murió combatiendo y defendiendolo en la batalla de Carabobo que selló la Independencia de Venezuela. Es más, creo que el nombre de ese volcán es en honor a este famoso perrito. También recordé la desvastadora erupcion de este Volcán en 1985 donde perdió la vida mucha gente en Armenia Tolima.
    👌🏻👌🏻👌🏻

    1. Hola Eliane. Gracias por estar presente. El Volcán realmente es El cumanday en su lenguaje indígena original. El Ruíz es por un encomendero español al que le había asignado durante la colonia el área. Y El otro dato es Armero, no Armenia y este queda en Tolima como dices.

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