Una noticia más que genera desconcierto y aumenta la incertidumbre que muchos vivimos cada día en la ciudad. La iglesia el Claret ubicada en el Lago Uribe de Pereira y a la cual la familia ha estado vinculada toda la vida parece que será demolida como consecuencia de las afectaciones que ha tenido a causa del terremoto. Y en mi caso particular, aunque he tenido cierta distancia con la ritualidad católica desde hace un tiempo como consecuencia de camino espiritual que tránsito y genera cierto nivel de conciencia, no deja de generar la sensación que hay otro lazo más que se rompe. Es una historia, un tejido de recuerdos y experiencias. Y esto no deja de despertar tristeza y ganas de llorar por momentos. Eso me permite recordar aquella idea tan clara que se la escuche a Isabel Allende, venimos a perderlo todo y entre más se vive más se pierde.
A través del Claret me vincule de manera definitiva a la experiencia de ser católico cristiano. Mi abuela materna y mi madre siempre nos guiaba y fortalecía tal experiencia religiosa. Ella inspiró ese deseo de comprender, que querer saber de las cosas que se develan detrás de las formas del mundo. Recientemente, mi madre había adquirido dos osarios para la familia. En uno, colocamos los restos de mi hermano que reposaban en el cementerio San Camilo y el otro lo habíamos dejado desocupado con la expectativa de recibir allí las cenizas del resto de la familia, mis padres, hermanos y yo mismo. Con la muerte de mi mamá se tomó la decisión de colocar junto a los restos de mi hermano sus cenizas. Es de destacar que allí, en la cripta de la iglesia, también se encuentran las cenizas de dos de sus hermanos.
No obstante, la incertidumbre pronto debe pasar a la esperanza. En la entrada de la cripta se encuentra una inscripción que siempre debemos recordar: “Aquí yacen los restos y cenizas de quienes ya han resucitado”. Y tener presente esa claridad me da paz, y quisiera que a la familia y a quienes allí tienen los restos y cenizas de sus familiares de la misma manera les genere serenidad. Allí no se encuentran ellos, su energía vital fluye en otro nivel. Así pues, así este en riesgo de perderse dichas cenizas, hemos de tener claridad que sus vidas, el ser que nombramos y que es poseedor de una historia no están allí.
Considero pues que esa debe ser nuestra verdadera fe, una fe viva que se expresa en todo lo que pensamos, decimos y hacemos. La medida de la fe, de la confianza que hemos cultivado radica en esto. Para quien vive su fe, debe tener la claridad que la muerte no es el límite, es una transición a otra manera de vivir que es incomprensible para la racionalidad humana. Y si esa confianza no le basta, creo que pensar que estos restos o cenizas están en tierra santa implica que están bien y no hay mucho que temer. La vida debe brillar desde nuestro propio interior.
Pereira, 29 de agosto de 2026
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