Contrastes Urbanos: La vida en rosa.

Las ciudades son tejidos vivos. Y como los seres humanos son entidades históricas. Tienen una etapa de gestación, una adolescencia, una juventud y una edad en la cual ya se consolidan a plenitud, pero las ciudades como los seres humanos mueren, tienen su ocaso. A través de las ciudades y sus espacios, nos contamos a nosotros mismos un relato acerca de quiénes somos, de nuestro pasado, del presente, así como la visión o anhelo de futuro que nos mueve.

            En las ciudades podemos reconocer espacios que permiten la satisfacción de una amplia gama de necesidades humanas, reales o inventadas. Pero las ciudades, sobre todo, tienen un componente especial aquellos que tienen que ver con los espacios con los que creamos identidad y reconocimiento, bien sea desde lo macro a lo particular. Y en esa relación e interrelación emerge una concepción particular, una cultura concreta. Desde las comunas hasta los barrios y las casas, las ciudades adquieren su propia dinámica a pesar de estar influidas por las tendencias homogenizadoras que hacen que todas se empiezan a parecer entre sí.

            Las ciudades viven las tensiones de quienes la habitan, desde sus frustraciones hasta sus anhelos y esperanzas. Allí, lo más íntimo y cercano son las casas, los espacios de vivienda, lo más cercano a nuestra propia humanidad. Al mismo tiempo son espacios desde donde nos proyectamos al mundo. Y la ausencia de estos espacios, de estos referentes, quienes hemos perdido una casa que se hizo hogar, que se hizo espacio de sentido, quedemos en el aire.

            De otra parte, en las ciudades hay espacios públicos, espacios de encuentro. La ciudad de Pereira, desde donde escribo, es una ciudad que históricamente ha sido considerada cruce de caminos. Con una larga tradición de relación con el entorno y el espacio geográfico previa a su fundación en 1863 hasta constituirse en un gran centro comercial regional en la actualidad. Es una ciudad de contrastes urbanos que invitan a redimensionar nuestra relación con los espacios que habitamos y frente a los cuales adquirimos una nueva conciencia de estos.

            Y los espacios se transforman por el impacto de dichos cambios, a veces inducidos bajo el “noble” impulso del progreso, o cuando circunstancias externas como tragedias transforman el entorno urbano como en el caso del reciente terremoto del 10 de agosto que terminará creando una nueva ciudad se generan. Es por esto que las ciudades están tejidas de historias y están hechas de contrastes.  

            Hace unos días encontré un hermoso contraste de lo que refiero en la vecindad donde por muchos años habité. De un lado, una edificación que siempre estuvo deteriorada por el paso del tiempo y que ahora amenaza colapso como consecuencia del terremoto. A su lado los guayacanes rosados que sembraron hace bastantes años han vuelto a despertar, a florecer cuando después del terremoto cuando la temperatura volvió a bajar por las lluvias abundantes y la floración en rosa se hizo presente. Del mismo modo, si uno recorre la ciudad de manera atenta, encuentra otros ejemplos. A unas cuantas cuadras de la casa, al pasar en una buseta pude observar, como al lado un edificio que no evidencia ningún daño por el terremoto parece mantener su lugar. A su lado parece emerger un tugurio en un lugar donde antes hubo una casa de material. Se evidencia la presencia de personas que allí habitan. Laminas marcan lo que parece un cuarto y una señora se movía en medio de todo eso en lo que parece un tendedero de ropa. Es quizás un esfuerzo por resistir el abandono y el desconcierto ante la pérdida de todo lo que tenían.

            Podría referenciar más ejemplos de los contrastes urbanos que estamos viviendo en nuestra ciudad. Personas que cruzan junto a edificaciones en riesgo parecerían marcar la pauta de una mirada que nos acompañara muchos años, las cicatrices que está dejando el terremoto. Donde antes había vida comercial, hoy parece un sepulcro por el abandono, el polvo, los escombros. Y con todo, en medio del caos, la vida en color rosa, los guayacanes en flor, que nos recuerda que, a pesar de todo, la vida está presente.

Pereira, 2 de noviembre de 2026.

Un comentario

  1. Esta es una verdad que no todos vivimos, cerrar un capitulo de nuestra vida cuando todo se ha perdido y se ve la wcesidad de empezar de nuevo. Es un final y un comoenzo.

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