Al final de todo, solamente tenemos la vida.

Vivir es aprender a reconocernos en el tejido de las interrelaciones que construimos con nosotros mismos, con quienes nos rodean y con lo otro. Es desplegar un proceso de comprensión que nos permita, no sólo enraizarnos en el mundo, sino trascenderlo. Y ese trascender, no es algo que se logre en otra vida, sino en la misma experiencia cotidiana a la cual nos enfrentamos. Así pues, viviendo es la manera como la vida se hace presente, desde que sea una vida en consciencia.  En ella se crean conexiones en diversos niveles con los seres y las cosas del mundo, en otras palabras, una vida que sea praxis, que sea reflexionada.

Y este es el propósito de este texto, invitar a explorar la vida desde su materialidad en consciencia, lo cual es el inicio.  En no pocas ocasiones, vivimos sin vivir.  Dejamos que los días se devoren uno al otro.  Es por esto que la vida pierde de su chispa, su sentido y empezamos a vivir creando falsas expectativas sobredimensionando nuestras posibilidades y capacidades.  Se vive en el pasado, añorando lo que fue o en el futuro, con la expectativa de lo que será.  Y en medio de todo esto, está el presente que se evapora.

Para vivir a plenitud, no basta solamente una percepción adecuada de la mente, de nuestro cuerpo, sino la conciencia misma que construimos basados en los sentidos de la vista y el oído hasta llegar a la propiocepción y la interiocepción, sentidos de los que apenas hemos empezado a hacernos conscientes, pasando por todos los sentidos kinestésicos, sabor, olor y el tacto. La percepción de la vida pasa por todos los sentidos. Aprender a tomar conciencia de estos es la manera de empezar a vislumbrar la presencia que lo es todo, aunque no es Todo.

 Hemos de considerar que todo se resuelve aquí, en este plano para decirlo de alguna manera, donde la vida despliega todas sus posibilidades. En la consciencia de la presencia. Es por esto que, podemos afirmar que a la vida le basta la vida. Por más que la ciencia se ha esforzado por comprenderla sigue siendo un enigma. No la elegimos. Simplemente se nos dio. Fuimos arrojados a ella, no a una nada, sino a un flujo.  Y nosotros mismos somos parte de ese flujo.  La influimos y le damos forma. A su vez, ella nos moldea y ajusta a ciertas condiciones dentro de las cuales la vida es posible. Acá sin duda hay un eco de la dialéctica como modelo explicativo de la vida.

Ahora bien, desde una perspectiva espiritual, la vida es gracia, un regalo en el cual jugamos a ser lo que anhelamos, y en el proceso vamos de lo blanco o a lo negro, de la vida o la muerte, de la luz o la oscuridad, de lo bueno o lo malo.  Pero todo son solamente perspectivas. Por eso es que la vida transcurre por intrincados caminos, por la dualidad entre lo que creemos ser y lo que somos. Es entonces, un juego en el que la mente se distorsiona y la deja atrapada en esa sensación de ser algo y anhelar ser otra cosa.

Hemos olvidado esa dimensión interna de la vida y preferimos vivirla desde el cuerpo, desde las sensaciones de la piel, los olores y sabores. ¿Podríamos entrar en nosotros mismos desde estos sentidos? Quiero creer que si puesto que no son todos los sentidos los que nos sacan hacía afuera como lo hacen de manera predominante la vista y el oído.  Creo que es una buena manera de redescubrir la vida y generar una experiencia diferente, más consciente, desde el reconocimiento y vivencia de la vida que somos.

Es entonces cuando la vida hace una celebración en la que disfrutar el compartir y vivir en la consciencia del ser que somos desde nuestra aparente separatividad hasta los tejidos de relaciones que creamos con el universo.  Y entonces la vida sería como el olor de esas fragancias intensas, profundas, suaves y que inspiran. Y eso, a mi manera de ver nos lleva a conectar con la gratitud y los momentos, los ritmos que tiene la vida, puesto que la vida es ritmo. Y eso sería la vida, un trascurrir, donde no hay necesidad de nada puesto que el sentido cotidiano tiene que ver con saborearla.

Pereira, Colombia, 8 de diciembre de 2025

3 comentarios en “Al final de todo, solamente tenemos la vida.”

  1. william lopez trujillo

    La cotidianeidad del transcurrir vivo es un enigma de sensaciones, es un enfoque y un desenfoque de la realidad. Pero existe la contraparte? El no ser, la muerte o el despertar verdadero. O todo es una hermosa mentira…he ahí los dilemas de pensarnos unos pensadores. O pensar es una fantochería?

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