Ha terminado otra jornada mĆ”s de las elecciones en Colombia, en este caso para presidente y vicepresidente de la repĆŗblica. Colombia ha sido un paĆs, al menos en el papel, que le gusta presentarse como una de las democracias mĆ”s estables en AmĆ©rica Latina. Exceptuando el golpe militar de Gustavo Rojas Pinilla que fue mĆ”s un acuerdo entre la Ć©lite para contener la Violencia que venĆa disparada desde 1948 y que generó en el paĆs y que ha persistido de una u otra manera a lo largo de mĆ”s de setenta aƱos. En nuestro paĆs, la sucesión de gobiernos ha sido la pauta en la vida democrĆ”tica.
Y en este caso, como ha venido ocurriendo a lo largo de las Ćŗltimas cinco o seis elecciones para presidente, el paĆs ha terminado con una mayor profundización de las diferencias entre diversos grupos y sectores sociales que por momentos parecen insalvables. Y no es que debamos negar la posibilidad de la contradicción, sino de aprender a pensar mĆ”s en un sentido colectivo de nación. En este sentido, bien sea por exceso o por defecto, uno termina casi que obligado a tomar partido por un grupo o el otro. Y eso no estĆ” mal. El problema, al menos desde lo que he podido tener claridad, es tomar una postura mal informada.
Uno de los mayores logros que hemos logrado en tiempos recientes como nación es la Constitución Nacional de 1991 que es un acuerdo, un consenso mĆnimo acerca de lo que todos queremos como nación. Se ha pasado de una democracia representativa, a una democracia participativa y ahora se habla insistentemente de una democracia deliberativa. No obstante, todo este proceso ha estado rodeado de tensiones permanentes entre diversos sectores y grupos que reclaman una acción mĆ”s clara de parte de quien ejerce el poder y a favor de quienes. El dilema entre un estado de derecho que garantice de cierta manera un estado de cosas y un estado social de derecho, democrĆ”tico en un sentido profundo sigue siendo una cuestión por resolver en nuestro paĆs.
Y en este proceso, la polĆtica, al menos como se generaba hasta hace unos cuarenta aƱos se ha transformado por el impacto de las redes y otras formas de conectar con lo inmediato y las necesidades de la gente. Esto ha hecho que se implante narrativas sesgadas hacĆa un candidato o hacĆa el otro orientando de manera determinada las votaciones. Aquella idea democrĆ”tica de un voto informado se ha hecho mĆ”s una entelequia que una realidad posible. En consecuencia, la manera cómo podemos Vivir Juntos en el presente se hace un verdadero reto.
En consecuencia, las ideas polĆticas la mayor de las veces ha terminado por ser reemplazada por lo rĆ”pido, lo inmediato y lo que se considera importante. A su vez, la cada vez mĆ”s amplia dispersión y capacidad de obnubilar el pensamiento por exceso de información termina haciendo que se tomen decisiones de las cuales por lo general no se tienen claras las consecuencias. Y en medio de todo este desorden aquello del pensamiento crĆtico queda en el olvido o termina siendo solamente un canto de sirenas.
Desde este enfoque, lo que ha ocurrido en Colombia es un reflejo de lo que ha venido ocurriendo en casi todo el continente, la elección de candidatos de lo que cataloga como extrema derecha, defensores acĆ©rrimos de la propiedad privada, conservadores en sus costumbres y con una perspectiva orientada a la disminución del papel del Estado en el desarrollo de los procesos sociales, económicos y culturales. Y esto a su vez supone un reto para la democracia colombiana y los sistemas de pesos y contrapesos que impidan un avance autoritario en el paĆs. Es por esto que reconocer, validar y legitimar otras perspectivas generando consensos posibles ha de considerarse esencial. Es decir, lo que desde el discurso y prĆ”cticas pedagógicas en la educación se busca crear otras maneras de resolver los conflictos que en nuestro paĆs han generado tantos muertos.
Es por esto, que lo primero que uno debe hacer, si de verdad se considera demócrata, no sólo desde el discurso, sino desde la prĆ”ctica, consiste en reconocer las victorias y las derrotas como lo que son en el campo de lo polĆtico. Para quienes ganan, lo mĆ”s complicado es preservar la humildad necesaria, sobre todo cuando hay un porcentaje casi igual, en el caso de lo ocurrido en Colombia, de personas que votaron por la otra alternativa de gobierno. Vivimos hoy en un paĆs fragmentado polĆticamente entre extremos. Y para quienes han perdido, reconocer los errores y sobre todo prepararse mejor para ser gobierno, con relación a lo que cada vez creo que en esto quienes han sido gobierno hasta el 7 de agosto han pecado por ingenuidad. A veces uno escucha que la izquierda termina siendo mejor como oposición que como gobierno.
Con todo, considero que revindicar desde el ejercicio polĆtico, la oportunidad y la posibilidad de lograr una justicia social en la que todos y todas podamos caber en el paĆs y no tengamos que recorrer caminos que han generado tanto dolor y sufrimiento profundizando las desigualdades y nos permitan gestionar un desarrollo humano en un sentido amplio. Y sin duda, hay otros aspectos que se deben considerar frente a la realidad polĆtica que vivimos como nación y dentro del espectro polĆtico latinoamericano y mundial. Lo polĆtico para bien o para mal ha terminado por volver a golpearme. Aprender y reaprender a Vivir Juntos como sociedad pluriĆ©tnica y multicultural que es un concepto que parece que no ha logrado generar en Colombia una praxis social, cultural, económica y polĆtica. Y esto es algo que hay que trabajarlo mĆ”s continuamente en todos los espacios posibles.
Pereira, 28 de junio de 2026

