El perdón, la dignidad humana y la reconciliación.

                   En este mundo, ¿Quiénes somos las víctimas y quienes los culpables?

            Chantal Maillard, Medea.

A medida que me esfuerzo por comprender el mundo que el que me ha correspondido vivir, hay un elemento que de manera reiterativa emerge cada tanto y tiene que ver con las dificultades crecientes de garantizar modelos de convivencia que nos permitan vivir humanamente.  Nos hemos acostumbrado a vivir en conflictos y mucho de esto radica desde la perspectiva de muchos, en que no sabemos perdonar. Pero, ¿Qué es eso del perdón? ¿Es el perdón algo posible? ¿Qué demanda el perdón? ¿Es necesario?

EL perdón puede ser considerado como un valor humano, una característica propia de aquellas personas que han comprendido la importancia del cuidado de las relaciones y buscan preservarlos. Al mismo tiempo puede ser asumido como una emoción humana que requiere ser tramitada y asumida. A su vez, hemos de señalar que el perdón tiene sus implicaciones políticas en tanto, si bien, es una decisión personal, que afecta el espectro social que nos rodea, y en consecuencia se convierte en un acto político, tanto en el presente, como en el futuro.

No obstante, desde otra perspectiva, he podido llegar a la conclusión en este tema que “No hay nada que perdonar, sólo comprender”. Y esta frase bien parece difícil, pero si se aborda desde una perspectiva profunda, incluso trascendental, adquiere su sentido. Todas nuestras acciones, por bien intencionadas que parezcan tienen sus consecuencias dentro del tejido social y el mismo tejido de la vida. Se dice que la gente, como nosotros mismos, hacemos cosas y decimos cosas, pero la manera como nos afectan tiene que ver con la manera como uno mismo se ve afectado o se deja afectar.

Y entonces, no hay necesidad de perdón porque reconocemos nuestra propia humanidad en los otros, una humanidad que es ante todo una posibilidad y una construcción permanente. Es por esto que “no hay nada que perdonar” es una afirmación referida a esa humanidad latente más que a las acciones y a la manera como nos hemos dejado afectar por estas. Y este es el inicio de la libertad. Reconocer el error, sí y ese reconocimiento es importante porque ante todo para seguir adelante, es fundamental la memoria, no como una pesada cadena, sino como un elemento que nos permita tener consciencia de dónde venimos y a dónde vamos.

De otra parte, comprender es darnos cuenta de las consecuencias de las acciones realizadas y que a su vez el otro ha actuado desde donde sus condiciones, medios y cultura a la que ha tenido acceso, le ha permitido.  Comprender, a su vez, significa darnos cuenta que nos hemos dejado afectar por aquellas acciones. Y entonces, tal vez sólo el perdón tiene sentido aquí ya que supone la respuesta a la pregunta que plantea Maillard en su poema Medea, reconocer que en últimas todos somos víctimas y todos somos culpables.

Y el perdón visto así, nos llevaría a abrirnos a la posibilidad de restablecer, de volver a tejer los hilos del tejido social que se han roto. Y hablo de la memoria en tanto nos permita recordar sin resentimiento. Por eso perdón y olvido no es posible. Pero el verdadero perdón, no el que culpabiliza, sino el que libera, es en el fondo comprensión y cuando está surge nos lleva a la reconciliación.

Pereira, Colombia, 10 de enero de 2025.

4 comentarios en “El perdón, la dignidad humana y la reconciliación.”

  1. Buenos dias Diego.
    Para mi el perdon es algo que debe darse de manera inmediata ocurre la agresión o la ofensa, si lo miramos desde un punto de vista de que todos vivimos bajo influencias que nosotros interiorizamos sin que tengamos ni la voluntad, ni la conciencia y de eésta forma vamos repitiendo conductas inadecuados que aprendimos. Todos estamos en las mismas, por esa razón dejar pasar, si son comportamientos demasiado desafiantes, destructivos y que se repiten de manera constante, es mejor apartarse sin resentimiento, sin dolor, simplemente no se puede por mi salud mental.

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