En apariencia, la vida y en particular, la vida personal es un viaje solitario. Y a veces, demasiada soledad agobia y vivir puede hacerse demasiado pesado. Sin duda en esta afirmación, encontraré que no soy el único que puede sostener tal cosa. Y ese peso al que me refiero tiene que ver con las expectativas que creamos frente al mismo hecho de vivir. Creamos, inconsciente o conscientemente cosas que en apariencia hacen parte de un propósito, un proyecto de vida. Se nos invita desde muy jóvenes a que tenemos que tener claro para donde vamos cuando a veces ni tenemos claro si queremos ir allÃ. Y todo esto empieza a formar parte de eso que llamamos yo. Con el tiempo, el paisaje de la existencia se nos hace sobrecogedor. Y en las noches, la oscuridad, puede ser aterradora. Y entonces, creemos que eso es la vida. Eso hace que muchos la asuman como una carga ineludible y otros, quizás con cierta legitimidad decidan que esto no es lo que quieren para sÃ.
Somos seres de instintos, de pulsiones en lo corporal, asà como de deseos en lo mental y en esto tenemos casi todo en común con todo ser vivo que habita el mundo. No obstante, hay otra dimensión que, hasta el momento, no hay evidencias que la posea algún otro de los seres con los cuales compartimos la vida. Y esa dimensión que es un anhelo, una sed que no logramos satisfacer nos mueve a querer saber el sentido del porqué y para qué estamos aquÃ. Y es que a los seres humanos no nos basta vivir, o más bien sobrevivir. Deseamos comprender. Es un fuego interno y para quien logra hacerse consciente de este lo aviva y hace que no se apague. Y es que cuando logramos fijar nuestra atención allÃ, en esa luz, esta brilla como el sol de un amanecer inspirando confianza y alegrÃa en la vida, transformando en consecuencia todo. Es una luz que nos invita a ver la vida de otra manera. Y entonces, eso que llamamos vida, la empezamos a visualizar, no como un conjunto de estaciones que debemos cumplir, sino como un flujo en el que vamos dando forma al dÃa a dÃa y en la manera como logramos responder al entorno que nos rodea. Esto es lo más cercano a hacernos partÃcipes activos de la creación que refieren algunas lÃneas de espiritualidad.
Es por esto que no hay viaje en completa soledad. Y aquella afirmación que nacemos solos y morimos solos no es tan cierta. Somos por naturaleza, seres de relación. Nuestro vinculo primario que emerge con la madre se preserva, queramos o no queramos a través de la vida. Del mismo modo, morimos en relación a otros. De ahà que nacer y morir es un proceso de vivir en consciencia y en desapego. Esaprender a comprender que, aunque somos parte de un tejido, adquirimos una manera particular de ver. Y es esto lo hace que poco a poco se adquieran perspectivas únicas. Pero es que con los otros, en esa relación de mutualidad, que la vida despliega su belleza. Y aprender, o más bien, reaprender a verla de esa manera es el inicio de la liberación. Se asemeja a la belleza que encontrábamos de niños al ir descubriendo el mundo a medida que el tiempo transcurre. De ahà que la clave para tener un viaje en consciencia, sea poder ver el mundo de nuevo como niños.
Pereira, Colombia, 8 de febrero de 2025
Somos también lo que somos en relación con los demás … los que de alguna manera dan sentido a nuestra existencia
Ese viaje con consciencia también se logra a través de los años, cuando hemos atravesado muchÃsimas experiencias que nos permiten entender una vida con libertad y volver a ser como niños. Muy buena reflexión.
Asà es. Sin duda. No somos solos, somos en relación. En la entrada de hoy lo puedes ver.
Eliane,
12 de febrero 2025
También yo creo Diego que es el compartir lo que le da sentido a nuestra vida y
hay que ser humildes porque no somos perfectos y no podemos exigir perfección
a los demás. Si somos empáticos y generosos, vamos a crecer.
Personalmente yo busco a Dios a través de su palabra en la Biblia y esa relación personal
(no religión) llena mi vida y le da significado porque entiendo profundamente lo que
necesito para vivir esta vida.