¿Por qué debemos comprender?

… la muerte no es nada

 si no hay quien la piensa y la anticipa.

Chantal Maillard

Poemas a mi muerte (1990)

Descubrí la muerte con la muerte de Alejandro, mi hermano menor hace ya más de 26 años, en 1998. Y no es que antes no la vivenciara, o que no tuviera la capacidad de mirar a mi alrededor cuando la muerte se enseñoreaba por las ciudades y los campos de nuestro país, donde las bombas podían explotar en cualquier momento, o cuando veía por televisión las noticias de las muertes de tantos políticos que en su momento creían en que otro país, que otro mundo, era posible. Y no es que no me generara indignación o reclamará por la injusticia de tantas situaciones, los ataques guerrilleros, las matanzas de los paramilitares, que no tuviera compasión frente al dolor de tantos colombianos, sino que simplemente no había empezado a pensar la muerte y en consecuencia a anticiparla.

Y entonces, desde aquel momento, la conciencia de la muerte y el deseo de comprenderla, surgió como algo íntimo que tenía que ver conmigo y no me ha abandonado.  Y en el proceso, el estudio de la filosofía, una filosofía no solamente como un constructo teórico especulativo, sino como una filosofía de vida, una filosofía operativa, empezó a iluminar ese deseo de comprensión.

Baruch Spinoza decía: “En lo que se refiere a los asuntos humanos, no reír, no llorar, no indignarse, sino comprender”.

Y ese comprender, demanda una capacidad profunda de ver de otra manera, de mirar más allá de la superficie, donde el dolor, la ansiedad, la tristeza, el deseo de romper el ritmo del rio de la vida que discurre independientemente de nuestros mezquinos intereses, no deja de ser sólo un anhelo.  Y en este proceso, el autoconocimiento es una manera de ahondar en la comprensión, no solamente de uno mismo, sino del mundo y de nuestra frágil humanidad todavía llamada a realizarse.

Más en profundidad, ese comprender es un despertar de la consciencia en medio de las luces y las sombras que obnubilan o enceguecen esa capacidad de ver. Y sí, claro que hay dolor. Pero no es un dolor que surge del apego a la vida como un fin en sí misma, como si todo se definiera en el aquí y en el ahora cuando el arco existencia en realidad es más amplio y complejo. Es una comprensión que tiene que ver con la capacidad de observarse a uno mismo y redefinir el sentido que le he dado a mi propia existencia. Creo que esa perspectiva de la muerte, la conciencia de su presencia y poder de cierta manera, siguiendo a Maillar, anticiparla es lo que me ha permitido con relativa persistencia vivir y mantenerme despierto.

Desde entonces, la muerte ha adquirido otra perspectiva. Desde las más cercanas, mis primos, los tíos, por diversas circunstancias. Y más allá, es la consciencia de que, en nuestro viaje espiritual, todo lo humano es efímero. Así pues, tener la claridad de la muerte, que vamos a morir, es el inicio de la verdadera libertad.  Y entonces, de frente a la conciencia de la muerte, uno puede amar la vida como manifestación de una dimensión trascendente del Todo.  Y el dolor de esa muerte, no es un dolor de ausencia, es un reconocimiento que en el otro que muere, muere un poco de mí mismo.

Decía arriba que ese comprender es la clave de la libertad. Y sin duda es así. Es aprender a ir más allá del fluir de los momentos y las formas. Es reconocer que, ante el dolor, ante la guerra, ante las muertes que en nuestro país y en el mundo se suceden día a día como en un teatro de lo absurdo, lo claro es el camino de la libertad, de la liberación. Y entonces se contempla, se observa, se reflexiona e incluso se dice algo, pero la atención se mantiene en la comprensión. Y en esto, ese comprender me ha permitido tener la distancia necesaria para seguir el viaje sin caer en la locura y en los apasionamientos. 

Ese comprender, en últimas, es un reconocer que, si se me pidiera la vida, la dejaría sin problema, sin chistar, sin reclamar más tiempo, sin dolor, pero ante esa realidad, se entiende que hay que vivir, que cada momento hay que vivirlo como debe ser y que lo que queda de uno son los recuerdos de aquellos momentos en los que dimos lo mejor de nosotros mismos.

Diego Velásquez González.

Pereira, Colombia, 27 de junio de 2025

2 comentarios en “¿Por qué debemos comprender?”

  1. Ah Don DIEGO

    Esa levedad tuya es contagiosa.
    Mi mujer, al leerle el último párrafo me dijo: “igual yo, sin chistar abandonaría esta vida”.

    En últimas, tu escrito es ese llamado a vivir todos los días como si fuera un último día.

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